Batería doméstica de almacenamiento de energía montada en pared

Autoconsumo

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La red eléctrica no es una batería, y buena parte de los malentendidos de este apartado nacen de tratarla como si lo fuera.

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Lo que te sobra no queda guardado a tu nombre esperando a diciembre: se entrega, y a cambio se aplica una regla escrita en la normativa y concretada en tu contrato que no le reconoce a esa energía el mismo valor que tiene la que compras. Asumir esa asimetría desde el principio cambia bastante lo que se le puede pedir a una instalación.

Aquí, además, las palabras tienen significado propio y no son intercambiables. Verter, compensar, vender y almacenar describen situaciones jurídicas distintas, con requisitos distintos y consecuencias distintas, y quien las emplea como sinónimos termina contratando algo que no hace lo que esperaba. Antes de leer nada conviene tener decidido cuál de esas cuatro cosas quieres que le ocurra a la energía que te sobre.

El resto se juega en el reloj. Lo que determina el resultado de un autoconsumo doméstico es la coincidencia en el tiempo entre lo que produces y lo que gastas, y esa coincidencia se mueve con hábitos y con programación antes que con equipos. Es la palanca más barata de todo este asunto y la que menos aparece en los presupuestos, por el motivo evidente de que no se factura.

Foto: Be83084594 · CC BY-SA 4.0 · vía Wikimedia Commons